Muy buenas a todos:
Hoy vengo con una pregunta que muchas veces se me pasa por la cabeza: ¿Está el mundo preparado para la gente con discapacidad? ¿Es posible la famosa inclusión? Sin duda, no tengo la respuesta a estas incógnitas, pero quisiera hablaros un poco de todas las posibles trabas que le veo a una respuesta afirmativa.
El primer punto negativo que veo, y que como sociedad deberíamos trabajar, es la concepción que tenemos hacía gente con algún problema. Respuestas como compasión o pena son muy perjudiciales y frustrantes para la persona en cuestión. La gente no sabe ver las increíbles capacidades que se esconden detrás de un diagnostico. Pongo el ejemplo de la gente con TEA (autismo), que tienen una gran inteligencia y memoria.
Otro aspecto a mejorar es la poca visibilidad que se hace acerca de nuestro colectivo. Esto está íntimamente ligado con lo que decía en el párrafo anterior: si se hablase más sobre el Síndrome de Down o la Parálisis Cerebral, ayudaría a evitar ese tipo de respuestas de las que hablaba. Visibilizar es dar a conocer y eso es lo que necesitamos, ya que muchas dificultades que voy a nombrar se producen por desconocimiento. Asique, ¡hale! a visibilizar, a publicar en redes sociales y hacer actos cuando el covid lo permita.
También nos corre en contra las barreras arquitectónicas. Bordillos altos, escaleras en los locales, rampas muy empinadas, puertas estrechas, columnas... Son muchas como para decirlas todas, pero todas tienen algo en común: entorpecen o imposibilitan el desarrollo normal de nuestro día a día. Soy consciente que unas escaleras quedan muy bonitas estéticamente, pero piensa que entorpecen la vida de mucha gente, ya sea discapacitada, bebés, ancianos o ¡tú mismo! si te lesionas accidentalmente.
Hay que mencionar la escasa ayuda y apoyo tanto del Estado como de cualquier persona de la calle. El Estado, lejos de sacar ayudas e intentar ayudarnos en todo lo posible, nos recorta las prestaciones y no aprueba subvenciones ni proporciona tratamientos, por lo que nos los tenemos que costear nosotros mismos (y no son precisamente baratos). Y ahora, quizá te preguntas: ¿Por qué me metes a mí en este fregado? Y yo te diré, que es increíble como a crecido la insolidaridad en los últimos tiempos: aparcar en nuestra plaza sin derecho, no sujetar la puerta al pasar, ocupar nuestro sitio en el bus... Todos estos pequeños detalles nos hacen las cosas un poco más fáciles y estaremos muy agradecidos si tienes este gesto con nosotros.
En mi opinión, queda mucho por hacer, pero nada es imposible si cada nos comprometemos a cambiar las cosas y poner de nuestra parte.
Espero que te haya gustado esta publicación y que te haga reflexionar.
¡Nos vemos!
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